Por si faltaba algo…
Decir que transformaron la libertad de prensa en un privilegio no debería sorprender a nadie. Lo que constitucionalmente debería ser un derecho —más que un privilegio o un atisbo de libertad volcado al pueblo— se ha convertido en la esencia dictaminista de unos pocos que, amparados en una estructura tan sectaria como coercitiva, se creen con el derecho de sentenciar sobre el ejercicio de la expresión.
En las últimas horas, un grupo de imbéciles decidió atacar al fundador de esta comunidad por el simple hecho de que esta plataforma, cuyo eslogan proclama “información sin censura”, aceptó el posteo de un usuario anónimo que alojó una traducción al español del libro Mi lucha, de Adolf Hitler. Algo que cualquiera puede hacer, sin compromiso alguno y con total libertad, a través de la función “subí tu archivo”.
En contra de sus propios argumentos —y quizás para poner a prueba la existencia de ciertos condicionamientos—, en lo que sin dudas constituye un espiral conspirativo, subieron el libro Massa Confidencial, de Christian Sanz: periodista de 54 años denunciado por acoso, abuso sexual, maltratos y violencia doméstica, entre otras vejaciones.
No satisfechos con la libertad recuperada, intentaron nuevamente con otro texto, esta vez de Engels: El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, que también fue aceptado. Porque, claro, Vissio “tiene que ser un nazi” por donde se lo mire, y sus publicaciones en la red cloaca por excelencia deben, necesariamente, ser una muestra evidente de su supuesta ideología nazi.
La finalidad de este apartado, ajeno al sentido más amplio de ArgenLeaks, es invitar —sin pruritos ni concesiones— a ejercer la libertad de prensa, de expresión y de difusión sin ningún tipo de represalias, ignorando los parámetros del censor mediocre.



