Juan Domingo Perón: el hombre detrás del mito
Juan Domingo Perón (1895–1974) fue una de las figuras más influyentes, complejas y polémicas de la historia argentina. Su legado excede el terreno político: se proyecta sobre la cultura, la geopolítica y los entramados ocultos del poder en el siglo XX. Más allá del relato oficial y de la iconografía popular, su vida estuvo atravesada por vínculos internacionales, operaciones de inteligencia, y la influencia directa de estructuras secretas como la masonería y las logias paramasónicas europeas.
Orígenes y formación
Perón nació en Lobos, provincia de Buenos Aires, y fue educado en un contexto de disciplina militar y pensamiento nacionalista. Su formación en el Ejército argentino lo llevó a Europa en la década de 1930, donde observó de cerca el ascenso de los regímenes totalitarios. Estudió los modelos de Mussolini y Franco, pero también comprendió la importancia del control simbólico y de la propaganda como herramienta de poder. Desde entonces, Perón vio en la construcción del mito político una forma moderna de dominio social.
La influencia de las logias y las redes de poder
Durante su paso por Italia, Perón tuvo contacto con círculos militares y diplomáticos vinculados a la masonería y a organizaciones paramasónicas. Años más tarde, varios documentos y testimonios señalaron la existencia de conexiones entre el entorno peronista y la logia Propaganda Due (P2), dirigida por Licio Gelli, un personaje clave en las tramas financieras y de inteligencia del siglo XX.
Licio Gelli —miembro activo de la P2 y agente de influencia en América Latina— fue recibido en Argentina en reiteradas ocasiones, especialmente durante los gobiernos peronistas y posperonistas. Su relación con Perón no fue directa en los primeros años, pero sí con su entorno y con sectores del peronismo que buscaban un puente con Italia y con los servicios occidentales en plena Guerra Fría. Gelli fue posteriormente acusado de manejar fondos, operaciones bancarias y de tener vínculos con sectores militares argentinos durante los años setenta.
Propaganda, culto y manipulación simbólica
Perón comprendió mejor que nadie el poder del símbolo. Desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, y luego desde la presidencia, construyó un sistema de propaganda centralizado, que mezclaba estética militar, retórica popular y elementos místicos. Eva Duarte fue la pieza fundamental de ese engranaje: su figura, trabajada por los aparatos mediáticos del Estado, permitió consolidar un relato casi religioso.
El peronismo, desde sus inicios, combinó la estructura sindical con un aparato comunicacional diseñado para trascender el discurso político y penetrar en la vida cotidiana. Ese modelo, que tomó referencias del fascismo italiano, también se apoyó en técnicas psicológicas y simbólicas estudiadas por los servicios de inteligencia europeos durante la Segunda Guerra Mundial.
El exilio y las redes internacionales
Tras su derrocamiento en 1955, Perón se exilió en Paraguay, Panamá y finalmente en España, donde contó con el apoyo de una red de contactos que incluía empresarios, ex funcionarios franquistas y hombres ligados a la inteligencia italiana. En esa etapa se fortalecieron sus vínculos indirectos con miembros de la P2. Licio Gelli fue recibido en Madrid y actuó como intermediario en operaciones financieras que beneficiaron a sectores del exilio peronista.
Varios investigadores han señalado que durante los años sesenta y principios de los setenta, Gelli utilizó sus conexiones para favorecer el regreso de Perón a la Argentina, en un contexto donde la Guerra Fría convertía al país en una pieza estratégica. Documentos desclasificados de la CIA y de servicios europeos mencionan reuniones de Gelli con políticos, empresarios y militares argentinos, siempre en torno a la figura de Perón y a la estabilidad futura del país.
Regreso, poder y legado oculto
El regreso de Perón en 1973 marcó el punto máximo de su mito y el inicio de su declive real. Los sectores del movimiento que él mismo había creado se habían fragmentado en facciones enfrentadas. A su alrededor, operaban tanto los nacionalistas de derecha como los grupos revolucionarios que creían representar su “verdadero legado”.
En los meses previos a su muerte, el entorno de Perón fue penetrado por distintos intereses: militares, sindicales, financieros y religiosos. La influencia de logias y redes de poder —como la P2— reaparece en documentos que relacionan a Gelli con empresarios y oficiales argentinos vinculados a futuras dictaduras.
Conclusión
La figura de Juan Domingo Perón no puede comprenderse únicamente desde la política nacional. Fue un actor dentro de un tablero global donde confluyeron el poder simbólico, la propaganda y las estructuras secretas del siglo XX. Su relación, directa o indirecta, con figuras como Licio Gelli, y su comprensión temprana del rol de la manipulación mediática, lo colocan entre los líderes más enigmáticos de la modernidad política. Detrás del mito peronista se esconde un laboratorio de poder que, aún hoy, sigue proyectando sombras sobre la historia argentina.



