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Eduardo Elsztain: el dueño de la Argentina que reniega de su poder

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Eduardo Elsztain es, desde hace décadas, uno de los empresarios más influyentes de la Argentina. Para algunos, el hombre más rico del país; para otros, una figura cuyo poder real supera ampliamente cualquier estimación patrimonial. Su fortuna puede calcularse en balances, activos y acciones. Su influencia, en cambio, se despliega en redes empresariales, vínculos políticos, entramados internacionales y estructuras comunitarias que trascienden lo estrictamente económico.


Su nombre aparece al frente de IRSA, el mayor desarrollador inmobiliario de la Argentina, con activos que incluyen centros comerciales, edificios corporativos, tierras rurales y hoteles emblemáticos. Entre ellos, el Hotel Libertador, que en los últimos meses adquirió una dimensión política inesperada al convertirse en el centro operativo de Javier Milei durante la transición presidencial. Pero para entender la magnitud de Elsztain no alcanza con revisar su hoja de balance. Hay que retroceder en el tiempo.


De la mesa de dinero al imperio inmobiliario


Elsztain inició su recorrido empresarial en el mundo financiero. A comienzos de los años noventa tomó el control de IRSA, empresa que con el paso del tiempo se consolidó como actor dominante del mercado inmobiliario argentino. En paralelo, expandió su presencia en el sector agropecuario a través de Cresud, convirtiéndose en uno de los mayores propietarios de tierras del país.


Su ascenso estuvo vinculado al auge de las privatizaciones y la financiarización de la economía argentina en los años noventa. Desde entonces, su perfil fue el de un empresario de bajo ruido mediático pero alto impacto estructural. A diferencia de otros magnates locales, evitó la exposición pública sistemática. Sin embargo, su influencia fue creciendo en silencio.


El informe de Global Witness


En 2023, la organización internacional Global Witness publicó un informe que puso bajo la lupa a distintos actores empresariales vinculados al agronegocio sudamericano. En ese documento se señaló la presunta participación de compañías asociadas a grupos financieros y agroindustriales en procesos de deforestación que, en conjunto, superarían las 170.000 hectáreas de bosques nativos en Argentina, Brasil, Bolivia y Paraguay.


Entre los mencionados figuraban empresas relacionadas con capitales argentinos, así como entidades financieras internacionales que habrían facilitado financiamiento. El informe generó repercusiones en medios y organizaciones ambientales, que reclamaron mayor transparencia en las cadenas de producción agropecuaria y en el rol de los grandes terratenientes.


Desde el sector empresarial, las acusaciones fueron rechazadas o relativizadas, señalando que muchas operaciones se realizan bajo marcos regulatorios vigentes y que la responsabilidad primaria recae en normativas estatales y controles provinciales.


Más allá de las posiciones enfrentadas, el caso reavivó un debate estructural: la concentración de tierras, el modelo agroexportador y el impacto ambiental en la región del Gran Chaco y otras zonas sensibles.


El vínculo con Milei y la Jabad Lubavitch


La dimensión más visible del poder de Elsztain en el último año no fue inmobiliaria ni financiera, sino espiritual y política. Su cercanía con Javier Milei quedó en evidencia durante la asunción presidencial. A diferencia de su tradicional distancia de los actos políticos, Elsztain participó de la ceremonia en el Congreso y fue visto aplaudiendo desde uno de los palcos. Él mismo reconoció que era la primera vez que asistía a una jura presidencial.
Pero el vínculo no comenzó allí.


Según diversas crónicas periodísticas, Elsztain fue quien facilitó el acercamiento de Milei a la organización Jabad Lubavitch, rama ortodoxa del judaísmo jasídico con fuerte presencia global. La Jabad —fundada en el siglo XVIII en Europa del Este— combina una rigurosa observancia religiosa con una activa inserción en la vida pública y empresarial.


En la Argentina, uno de sus referentes es el rabino Tzvi Grunblatt, figura de proyección internacional. A nivel global, la organización tiene su centro neurálgico en Nueva York, en torno al legado de Menajem Mendel Schneerson, conocido como el “Rebe de Lubavitch”.


Milei visitó el Ohel —el espacio donde descansan los restos del Rebe— en el cementerio Montefiore de Queens. Allí protagonizó una escena de fuerte carga emocional, en la que rompió un papel con un mensaje escrito y depositó los fragmentos sobre la tumba, siguiendo la tradición jasídica.
Diversas fuentes señalan que Elsztain fue la figura que abrió esas puertas. “Es la llave para la Jabad en la Argentina”, describió un dirigente comunitario en off the record.


El Hotel Libertador como base política


El Hotel Libertador, propiedad de IRSA, se convirtió en la residencia y centro operativo de Milei durante la transición y los primeros días posteriores al balotaje. No trascendieron públicamente los términos contractuales de ese alojamiento, pero la imagen del presidente electo instalado en una propiedad del empresario reforzó la percepción de cercanía.


La relación también se expresó en celebraciones religiosas. Durante Janucá, Milei participó del encendido de las velas en el propio hotel, acompañado por su guía espiritual, el rabino Axel Wahnish, y el entonces embajador israelí en Argentina. El gesto no fue meramente ceremonial: consolidó una narrativa en la que espiritualidad, política y poder económico se entrelazan.


Poder territorial y presencia en la Patagonia


Elsztain es considerado uno de los mayores propietarios de tierras de la Argentina. Su presencia en la Patagonia y en el norte del país lo ubica como actor clave en debates sobre desarrollo rural, soberanía territorial y uso de recursos naturales.


En un país con historia de concentración de la tierra y conflictos por desmontes, su figura inevitablemente genera controversias. Para algunos sectores, representa eficiencia empresarial y visión estratégica. Para otros, simboliza la consolidación de un modelo extractivo con escaso control social.


La controversia en torno a Jabad


La organización Jabad Lubavitch ha sido objeto de polémicas y teorías de diversa índole en redes sociales y algunos medios alternativos. Existen denuncias y controversias puntuales en distintos países, aunque la institución se presenta como un movimiento religioso dedicado a la educación, la asistencia social y la difusión espiritual.


En la Argentina, la Jabad cuenta con decenas de centros comunitarios y una red activa en educación y actividades culturales. Sus detractores la califican como secta; sus miembros rechazan esa etiqueta y reivindican su carácter religioso tradicional.


La cercanía entre el presidente argentino y esta corriente religiosa generó debates dentro de la propia comunidad judía local, donde conviven posturas diversas.


El poder que no cotiza en bolsa


Si el patrimonio de Elsztain puede estimarse en activos inmobiliarios, agrícolas y financieros, su poder intangible resulta más difícil de medir. Se expresa en su capacidad de articulación entre sectores: financiero, político, religioso e internacional.


A diferencia de otros empresarios con exposición constante, su influencia suele operar en segundo plano. No lidera marchas ni ocupa cargos públicos. Sin embargo, aparece en momentos clave: adquisiciones estratégicas, negociaciones complejas, vínculos diplomáticos.


Para sus críticos, encarna la fusión entre capital concentrado y estructuras de poder global. Para sus defensores, es un empresario que invierte, genera empleo y sostiene redes institucionales legítimas.


Entre la discreción y la centralidad


La paradoja de Eduardo Elsztain es que, pese a su bajo perfil histórico, hoy se encuentra en el centro del debate público. Las acusaciones ambientales, su cercanía con el presidente, su rol en la articulación con Jabad Lubavitch y su peso territorial lo colocan como figura ineludible en el mapa del poder argentino.


No es un político electo. No ocupa ministerios ni bancas legislativas. Pero su nombre atraviesa conversaciones estratégicas en múltiples niveles.


En un país donde el poder económico y el político suelen entrelazarse de manera opaca, la figura de Elsztain vuelve a poner sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿dónde termina la influencia empresarial y dónde comienza la arquitectura del poder real?


Mientras las investigaciones ambientales siguen su curso y el escenario político continúa reconfigurándose, una certeza permanece: entender la Argentina contemporánea implica observar no solo a quienes gobiernan formalmente, sino también a quienes, desde las sombras o desde los palcos, sostienen las llaves que abren determinadas puertas.

1 COMENTARIO

  1. No olvidemos también todas las empresas que tiene Elsztain en Israel como el grupo IDB holding, que lo adquirió después del 2008, cuando CFK rescató al banco Hipotecario propiedad de IRSA. IDB tiene denuncias por operar en territorios palestinos ocupados además de comercializar armas al exterior como los misiles qué Gran Bretaña colocó en las Malvinas.

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